Para qué estar triste si se puede ser feliz.
Para qué llorar si se puede sonreír.
No merece la pena llorar por alguien a quién no le importan tus lágrimas.
Por alguien a quién ni si quiera le importa tu existencia, no, no merece la pena...
Así que es mejor una sonrisa bonita, que una lágrima maldita.

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